Cuestión Binaria: La Cuestión Es El Género Y El Rol En El Largo Camino.

Hombres que se maquillan, mujeres con cirugías plásticas que resaltan sus atributos, hombres con más faldas que pantalones y con ganas de usar bolso, mujeres que luchan, que salen a la calle, hombres que maternan, mujeres que se rapan, hombres depilándose con cera, mujeres que gerencian, hombres que limpian, mujeres que se sienten más hombres que mujeres y hombres que aman a otros hombres. Es real. La cuestión es el género y el rol en el largo camino que nos toca para llegar a la igualdad y es quizá fundamental para continuar la reflexión en torno al tema top que hoy ocupa la agenda setting de los medios del mundo: la mujer y sus derechos. Pero… ¿Hasta dónde estamos reconociendo y balanceando estas dos cuestiones que nos atraviesan como ser hombre o ser mujer? ¿Cómo nos construimos y cómo nos representamos cómo tales?

Ya en 1940 la pensadora francesa Simone de Beauvoir en su éxito rotundo en ventas “El segundo sexo” había dicho que la mujer no nace, se hace, que convertirse en mujer es un proceso social aprendido, no algo natural, producto de una situación política, social y económicamente conveniente. Si esto nos pasó a nosotras creo que para ser más inclusivos debemos pensar en que hacerse hombre también es una construcción y que no dista mucho del planteamiento de Beauvoir, que para ellos quizá hay códigos instaurados con los que quizá no se sienten del todo afines y que vale la pena cuestionarse, hacer un alto necesario para seguir adelante con nuevas formas de estar y de ser.

En la sociedad en la que vivimos atravesada por la era digital, pero que como diría Foucault “es disciplinaria” se exige una correspondencia rigurosa entre el sexo biológico, el sexo social y el jurídico, adquirido por todos y cada uno al momento de nacer, deben necesariamente coincidir entre ellos, para podernos ubicar y catalogar entre alguna de las dos filas y esto resulta determinante para marcarnos profundamente una manera de estar en el mundo.

Para muchos a lo largo del tiempo estas exigencias se volvieron insoportables, estrechas y en lo que definiría como un intento de nuestras dos partes, la femenina y la masculina por amalgamarse, por fundirse y hacerse una, han surgido propuestas que sobrepasan estos linderos entre lo socialmente heredado como masculino o femenino, abriéndole la puerta a un amplio espectro de identidades y expresiones que según el volumen de enero de la revista National Geographic es una revolución y en el que se encuentra un glosario en el que se redefine el género con personas que se consideran por ejemplo agénero, es decir que no se identifican como hombres o mujeres, o los que se consideran cisgenero termino que describe a las personas cuya identidad de género si coincide con su sexualidad biológica, personas andróginas como una expresión de genero no tradicional que combina rasgos masculinos y femeninos, los genderqueer  sujetos que no se identifican ni como hombre ni como mujer o que se encuentra en la mitad de ambos, transgéneros, transexuales entre otros montones de formas, en las que la expresión de la identidad es el rasgo más importante y donde lo que se intenta es alinear de alguna manera, así sea subjetiva, la cuestión binaria que parece que nos toca.

En este camino transicional de auto reconocimiento es donde aparece la moda como expresión simbólica y como aliada, entrando a jugar un papel esencial pues esta nos permite la creación de una identidad como quiera que esta sea construida, una oportunidad maravillosa para asumirnos como realmente lo deseamos.

Cada vez más grandes firmas y diseñadores de moda como Céline, o como el colombiano Esteban Cortazar o el inglés Alexander Mc Queen en sus desfiles de la temporada Fall Winter 2017/18, le apuestan a la moda sin género en un proceso expansivo que no se limita a prendas de vestir, va más allá, propone objetos, accesorios, maquillajes, peinados que pueden usarse en completa libertad por hombres y mujeres, transgénero, transexuales entre otros. Estilos marcados por un exquisito eclecticismo.

 

Por otro lado, aparece la nueva ola de “beauty boys, hombres y chicos que usan maquillaje pero que se ocupan de mantener el resto de su estilo masculino por ejemplo a la hora de vestir y esto necesariamente no los convierte en travestis o drags, simplemente consideran que usando maquillaje pueden verse y sentirse mejor. ¿Alarma?, ¿prejuicio? Si nos remontamos al XVII podremos ver como los hombres poderosos de la época usaban tacones, grandes pelucas y maquillaban su rostro para presentarse en ocasiones públicas, siendo esto símbolo de elegancia y distinción.

Es entonces donde se nos proponen grandes retos, el más importante de todos, la tolerancia ¿Hasta dónde somos capaces de tolerar la diferencia? ¿Hasta dónde estamos limitados por cánones estéticos sin renovar?

Alejarnos de procesos destructivos como la crítica, abandonar los prejuicios y superar la resistencia hacia lo que no se parece a lo que pienso, puede ser un camino para construirnos más éticos, más respetuosos, donde reconozcamos que muchos necesitan demostrar de forma tangible la cohesión entre las partes que nos habitan, que nos componen, porque en el fondo lo único que hombres, mujeres, transgéneros, homosexuales o heterosexuales, buscamos es estar en un mundo que nos permita expresarnos de forma libre y estar a gusto con quienes decidimos ser.

 

Texto: Claritza Perdomo

Ilustración: Mariana Calderon

Director Editorial: Edward Córdoba

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