Orgullo de Ciudad

 

Realización: Texto: Maria Trillo / Fotografía: Edward Córdoba – Andreas Sichel / Fotos para Cogam

 

 

Este pasado 7 de Julio, y como año tras año desde hace ya 40, la capital de España se vistió de arcoíris y dio la bienvenida al colectivo LGTBI en la que es la más multitudinaria de estas fiestas en el hemisferio norte. Más de 2 millones de personas se echaron a las calles y celebraron su amor en la Cabalgata del Orgullo de Madrid, que aun siendo una celebración, nunca olvida la parte política y reivindicativa.

Cada año se escoge una causa a la que apoyar dentro del colectivo, en este se quiso hacer hincapié en la defensa de derechos y libertades de la comunidad Trans. Por ello pudimos ver su bandera azul, rosa y blanca como cabecera de la manifestación y como paleta de color usada por el Ayuntamiento de la ciudad para promocionar el evento tanto nacional como internacionalmente.

En Madrid nos enorgullecemos de tener una villa abierta y moderna, pero no ha sido un camino fácil, y aún queda mucho por pelear. Después de casi 40 años de subyugo nacional-católico, es admirable que una sociedad democrática tan joven como la española, que apenas nació en 1978, haya dado tal giro de timón a su manera de ver el mundo y a los que lo habitan. Por eso allá donde vamos los madrileños hablamos del Orgullo, porque sabemos de dónde venimos y hacia dónde queremos ir.

Es ese espíritu de libertad y tolerancia el que nos permite ver por las abrasadoras calles del verano ibérico (llegamos a 35ºC aquel día) a todo tipo de identidades y expresiones, ya sean políticas, religiosas o en tanto a sexualidad, y por lo que esta cabalgata es considerada de interés turístico internacional. Las buenas vibraciones se huelen y respiran en esos días, y cientos de miles de turistas de todo el globo se suman a la fiesta aportando color y diversidad a una ciudad ya de por sí cosmopolita.

Tambien estan los outfits que se ven por las calles y que no tienen desperdicio, desde boas de plumas de mil colores a camisetas con mensajes que harían sonrojar hasta a Ru Paul. Algunos buscaban el shock mientras que a otros se les notaban los meses de preparación -y de gimnasio-.

Los “osos”, con sus barbas, gafas de aviador y sus matas de pelo en pecho, y el colectivo BDSM, armados con cuero, metal, látigos, y máscaras, siempre son los que arremolinan más fotógrafos a su alrededor, y este año no fueron menos.

Sin duda son unas jornadas donde lo más bello es que se respira libertad, nos sentimos seguros de ser quien realmente somos y podemos expresarlo sin miedo. Debemos valorar ese espíritu y luchar porque sea lo normativo y no una anécdota anual.