Todos Deberíamos ser Feministas

Feminismo - Mint and Fancy - Todos Deberiamos de Ser Feministas
Ilustración: Andreas Sichel

En estos tiempos, hablar de feminismo es como hablar de la vida fittness, de los reality shows o del último chisme de Instagram: es inevitable; está en todas partes.

Lo cual, no quiere decir que sea un tema superficial o una simple tendencia. En la moda, en la política, en la música y la cultura pop es un asunto de interés pues el actual contexto mundial (con figuras políticas de estilo ultra conservador en la principal potencia del planeta), ha hecho que el mundo occidental en el cual vivimos esté, más que nunca, replanteando muchos aspectos de si, incluido, el papel de la mujer contemporánea.

Pero, ¿qué es feminismo?; ¿porqué el término incomoda?; ¿porqué muchas veces al escucharlo, el imaginario colectivo lo asocia con mujeres corpulentas, toscas, de carácter fuerte, homosexuales o solteronas reprimidas sexualmente; ¿porqué asumimos que el feminismo no incluye también a los hombres?, ¿no son ellos también nacidos, casados, hermanos o amigos de las mujeres?

Quizás, el razonar así, sea una de esas tantas herencias de pensamiento que se fijan en las culturas y que pocas veces se cuestionan. No obstante, estamos ante una generación soñadora, idealista, amante de la vida, la nuestra, la de los Millennials que tenemos las ganas y el empuje para descomponer ciertas doctrinas y construir nuevas definiciones que partan de la empatía, la solidaridad y el amor.

 

“Ser feminista no debería entenderse como una tendencia mas en el sentido superficial de la palabra. Por el contrario, el feminismo es como el estilo: permanece incluso cuando la moda -o la belleza física- se desvanece.”

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Ilustración: Andreas Sichel

En ese orden de ideas, desde siempre han existido mujeres poderosas dentro de su feminidad: Nefertiti, Cleopatra, Ana Bolena, la reina Elizabeth, Isabel de Castilla, Frida Kahlo o Coco Chanel, por nombrar solo algunas de las más populares.

Sutiles y habilidosas, ellas dejaron su huella en la humanidad; iluminaron su mundo y crearon progreso social para las mujeres de sus décadas. Pavimentando en consecuencia el camino de las generaciones por venir.

Lo más interesante es que lo hicieron sin renunciar a su feminidad. No estuvieron metidas en trincheras, peleas de espadas o tirando puños y bombas durante las incontables guerras que ocurrieron en sus tiempos.

Sin embargo, fueron diosas que supieron hacer uso de sus fuerzas como mujeres para aportar en esas mismas batallas y en muchas otras mas.

Y es que quizás uno de los mitos a derribar con este nuevo feminismo que aquí les propongo es el de la mujer que desea ser igual al hombre; la mujer es distinta, su fuerza viene de una fuente alternativa; por ende, nunca debería desear ser como ellos: El ser feministas por ningún motivo implica acallar nuestra esencia como mujeres para ser fuertes de la misma manera en la cual lo son los hombres.

Nosotras somos mucho mas sensitivas; expresamos con mayor facilidad nuestras emociones y estamos siempre dispuestas a dar. Nos encanta dar. Por ende, la esencia de nuestra fortaleza parte esa fuente y no es ni mejor, ni peor, ni igual.

Por otra parte, hay que detener esa idea de feminismo reactiva hacia los hombres.

Ese pensamiento que culpabiliza al género masculino como responsables de todas nuestras desgracias es limitante pues, a mi modo de ver, refuerza el rol de la mujer como víctima de la sociedad.

Ojo, no estoy desconociendo el daño que muchos hombres o instituciones patriarcales realizan. Pero no es solo culpa de los ellos.

Un ejemplo, son los casos de las viudas en las zonas más conservadoras y religiosas de la India. ¡Ay de la mujer que pierda a su marido en este país! Se ve condenada socialmente a renunciar a todo, incluida su propia familia política para vivir en unas casas de caridad destinadas exclusivamente a este fin. Desterradas incluso por otras mujeres de su comunidad (suegras, cuñadas, sobrinas dentro del paquete), y condenadas a estar vivas de carne, pero muertas para su sociedad.

 

“Siempre han existido mujeres poderosas dentro de su feminidad: Nefertiti, Cleopatra, Ana Bolena, la reina Elizabeth, Isabel de Castilla, Frida Kahlo o Coco Chanel, por nombrar solo algunas de las más populares.”

 

No nos vayamos lejos; en nuestra propia Colombia es bien visto el que una mujer dependa económicamente de su pareja; Bien sea parcial o totalmente.

Y ahí señoritas, ahí radica un problema grande de machismo en nuestra sociedad que parte no de ellos, sino de nosotras como mujeres.

Nosotras, las mujeres somos parte fundamental de nuestro propio cambio. El primer paso es amarnos mas. Lo que significa, entre otros: proveernos, hacernos responsables por nosotras, comprender que NO estamos obligadas a ser las mujeres 10, ni cumplir todos los roles impuestos por la sociedad; debemos cumplirnos a nosotras mismas, descubrir lo que nos hace felices y trabajar por definir lo que significa para nosotras éxito, estabilidad, familia y hogar.

Si no logramos ser capaces de desarrollarnos como individuos integrales e independientes, corremos el riesgo de perpetuar tendencias machistas, es decir: Hombres que se sienten superiores porque nos mantiene materialmente; renunciar a metas personales porque primero es el marido y el hogar; o incluso, doblegar nuestra dignidad por el miedo a estar solas, a empezar de cero si un matrimonio no funciona o al qué dirá nuestro círculo social.

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Ilustración: Andreas Sichel

Así mismo, cuantas veces no hemos escuchado esa historia de que a nuestro papá o abuelos no les dejaban llorar. Y aún todavía en estos tiempos, existen padres que reprimen la expresión de emociones de vulnerabilidad a sus hijos varones.

Los chicos no lloran, no juegan con niñas, no visten de rosa; si de grandes sueñan con ser bailarines, diseñadores o incluso hasta comunicadores, son tildados de maricas. En casos extremos, valores como la lealtad o fidelidad a la pareja son dejados en lo ambiguo cuando se trata de los chicos (es mejor visto que un hombre sea infiel, a que una chica lo sea).

En otras palabras, en nuestra sociedad tenemos un campo de visión limitado en cuanto a que los hombres tengan permitida la expresión de emociones como la vulnerabilidad, la creatividad, la tristeza o incluso, la ternura y la dulzura. Emociones tan naturales al ser humano, bien sea el género y orientación sexual que sea. Y ojo, porque esa limitación frente a los sentimientos masculinos es una actitud de machismo que se origina de hombre a hombre, pero también de mujer a hombre.

Y que además, termina por afectarnos a las mujeres heterosexuales al lidiar con parejas que tienen serios problemas ya que no han desarrollado libremente ese aspecto femenino que también los hombres llevan en su esencia; del mismo modo, que las mujeres poseemos una energía masculina.

 

“El ser feministas por ningún motivo implica acallar nuestra esencia como mujeres para ser fuertes de la misma manera en la cual lo son los hombres.“

 

Como un movimiento en constante evolución, el feminismo cuenta con muchas visiones dentro de si. No obstante, a mi entender, es en la pluralidad de voces divergentes, pero respetuosas, que se logra construir colectivamente el conocimiento.

De ahí también, la afinidad del movimiento feminista con otros movimientos como el de igualdad racial, étnica y protección ambiental.

Finalmente, ser feminista no debería entenderse como una tendencia mas en el sentido superficial de la palabra (algo pasajero o los 15 minutos de fama que en el futuro tendrá todo el mundo, como decía el gran Andy Warhol). Por el contrario, el feminismo es como el estilo: permanece incluso cuando la moda -o la belleza física- se desvanece. Y ya que es un asunto que nos compete a hombres y mujeres por igual, de ahí la razón  porqué todos  deberíamos ser feministas.

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Ilustración: Andreas Sichel

 

Texto: Raquel Ravelo

Periodista de Moda & Stylist

Instagram: @raqueladiva

Ilustración: Andrés Sichel

Director Editorial: Edward Córdoba

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